La claudicación intermitente, preaviso del ictus o el infarto

Este síntoma, que se localiza en las piernas, se produce por el engrosamiento de las paredes arteriales y la consiguiente falta de riego, lo que obliga a la persona afectada a pararse cada cierto tiempo.
El 20% de las personas mayores de 65 años ve mermada su calidad de vida por la  “enfermedad del escaparate”,  un síntoma que puede pasar inadvertido, pero que tiene graves consecuencias para los afectados, que, de no ser tratados a tiempo, pueden llegar a sufrir gangrena en sus extremidades inferiores, un ictus o un infarto de miocardio.
Este síntoma, que se localiza en las piernas, se produce por el engrosamiento de las paredes arteriales (arteriosclerosis) y la consecuente falta de riego, y consiste en que la persona afectada debe pararse cada cierto tiempo cuando anda al sufrir un intenso dolor; normalmente, en la pantorrilla.
“Mientras andamos, las piernas piden pararse a una determinada distancia, siempre la misma, y descansar durante unos minutos antes de proseguir la marcha”, explica el cirujano vascular del Hospital USP Santa Teresa, el doctor Alejandro Moro, quien señala que estas paradas suelen ser utilizadas para mirar los escaparates de las tiendas, lo que motiva su nombre médico.
También conocida como “claudicación intermitente”, si se mantiene en el tiempo puede conducir a la muerte o necrosis de los tejidos. El mismo proceso se produce en las arterias cerebrales, dando lugar al infarto cerebral; y, cuando se hallan afectadas las arterias del corazón, a la angina o el infarto de miocardio.
Uno de los problemas que plantea esta enfermedad es que, inicialmente, se puede confundir con un problema de huesos o reumático. Por este motivo, “de todos los pacientes que lo padecen sólo un tercio acuden a la consulta”. Y, en muchas ocasiones, “el paciente puede estar hasta cuatro años sufriendo este dolor de alerta y sin acudir al médico”.
Por cada diez hombres afectados hay una mujer, lo que se atribuye a el mayor factor de riesgo es el tabaquismo. “El factor de riesgo más importante es el tabaco, que multiplica por siete el riesgo de padecer esta enfermedad, seguido por la hipertensión, la diabetes, la obesidad y los niveles elevados de colesterol”, advierte Moro.
La enfermedad obstructiva de las arterias tiene varias fases en su evolución, comenzando por una primera fase asintomática. Le sigue la claudicación intermitente que, “en sus fases iniciales”, tiene un pronóstico bueno. “Es el mejor momento, ya que al tratar correctamente a los pacientes se pueden parar la enfermedad e, incluso, mejorarla”, añade.
El tratamiento inicial más eficaz consiste en controlar los factores de riesgo. La práctica de ejercicio supervisado, caminar en llano o bicicleta durante una hora al día mejoran los síntomas en nueve de cada diez pacientes.
En fases más avanzadas de la enfermedad se produce dolor con el reposo nocturno. Es en esta fase cuando pueden aparecer la úlcera o la gangrena en los pies, que requieren ingreso hospitalario.
El tratamiento quirúrgico se reserva para los casos más graves, bien mediante cirugía convencional realizando puentes (‘by-pass’) o bien con cirugía endovascular, mínimamente invasiva. En esta última se utilizan catéteres con balón, a través de la cuales se pueden dilatar estrecheces arteriales a distancia para restituir el flujo de sangre normal.

Octubre 10/2011

Fuente: (JANO)